Comunicados

“El que aprende a vivir, aprende a morir”: Heriberto Pazos. 

Hace más de diecisiete años mi padre alzaba la voz con vivo entusiasmo, apenas advirtiendo que estas palabras le perseguirían hasta el lecho de su muerte. Al día de hoy, no conseguimos reconciliar la idea de su brutal asesinato, ocurrido un trágico 23 de octubre del año 2010. El derecho que me otorga la palabra es mi propia experiencia, quién comprende con solidaridad la desgracia humana sino el que la ha padecido en carne viva.

 

El hombre que me vio nacer, crecer, que fortaleció mis ideas con convicciones sobre la justicia, paradójicamente, ha sido condenado a una de las más injustas de las desgracias, siendo que a la fecha de hoy, las autoridades demuestran su incompetencia en resolver el crimen: absolviendo a sicarios, asesinos, sociópatas y condenando a unos cuantos que muchas veces están en la periferia de todos los círculos de violencia.

En mi Oaxaca, a escasos días de haberse iniciado el año 2019, ya son muchas familias las que han sido enlutadas; por mis años de vida, puedo apreciar que en la última década, la decisión de acabar con la vida de dirigentes sociales, magisteriales y activistas políticos se ha vuelto muy común para algunos actores (de mano blanca a decir verdad), cínicos que desde bastidores, contratan cobardemente a algún depredador, casi siempre en complicidad con más autoridades, presas casi siempre de la corrupción.

Hoy brindo respetuosas condolencias a la familia del alcalde Alejandro Aparicio, asesinado minutos después de tomar posición como presidente municipal; mi más sentido pésame a Denia Itzel Mata Jiménez, esposa de Cutberto Porcayo Sánchez quien también encarneció la violencia sistemática a los agentes del cambio social. Y diré, que sin importar la bandera o ideología con que se desee transformar la realidad de una república esperanzada, comparto el dolor, la impotencia, rabia y coraje que en este momento sientes sus familiares y amigos. Por supuesto que todo esto no me es ajeno, demuestro especial sensibilidad con quienes comparten mi luto, mi dolor, porque a todos los que nos han arrancado a alguien el motivo de la existencia se disuelve hasta las raíces, al menos que, claro, tomemos un poco de arrojo y consciencia tomando la voz por resistencia, para frenar la muerte, para que esto que nos ha sucedido no vuelva a pasar. Estos son los ideales que me ha dejado mi padre, este es el legado que han reconstruido nuestros amigos.

No he conocido hombre que llegue a la mitad de su camino, quizás por ser su hijo, jamás pueda conocerlo. Pero basta con aceptar que la admiración que despertaba valía para la sencillez de sus palabras y contundencia de sus actos. Jamás negó al necesitado, pero nunca regaló limosnas, acobijó laicamente al desprotegido, otorgando dignidad al trabajo. Nos ha enseñado, con su avanzar plagado de dolor, que no hay excusas para seguir luchando, demostrando la coherencia de su andar con una capacidad muy diferente: imponerse con todo lo que era. ¿Quién se ha beneficiado de su ocaso?

Con su muerte se truncaron los sueños y esperanza de miles de indígenas que veían en él la posibilidad de vivir dignamente, ya que siempre demostró que la lucha por el movimiento social es un eje que jamás debe de claudicar. A  más de 8 años de su asesinato, he coincidido con muchas voces, gente que participó en la formación de este importante proyecto que encabezó mi padre, aunque no todos han tenido posibilidad de hacerlo claramente: hoy pienso que, lamentablemente, muchas de las personas que estuvieron bajo su protección se han alejado por intereses, intereses sí, de toda índole, que ahora no es necesario mencionar. Si alguien preguntara a su historiador, quizá  especularía: ¿Es eso el proyecto que Heriberto Pazos Ortiz quería para los indígenas del estado? Yo no lo creo. Lo que veo, lo que transmito a quienes comparten fascinación por el personaje que fue mi padre es que, con su muerte no nos queda resignación. Jamás habremos de resignarnos. Aquí, ahora, es momento de hacer historia, de ser partícipes de la transformación de la realidad Oaxaqueña; por nuestros pueblos, por nuestras comunidades, por los desamparados y los desprotegidos.

Hermanos de todas las etnias y de todos los pueblos, compañeros de las luchas más desfavorecidos, unámonos, alejemos nuestras diferencias por un instante y recuperemos el legado que nos ha dado el fundador de uno de los grupos de choque más grandes y poderosos del estado. Mi padre fue un defensor de causas justas, mi padre fue un ser que todos recuerdan por su trayectoria, quién trató por igual a cualquiera, sin importar su origen, sin importar su categoría o estatus en la sociedad; porque sólo él podría ver a través de los bolsillos y las apariencias, siendo humano, demasiado humano.

Hermanos de todos los pueblos y de todas las culturas; gente que sigue utilizando su mensaje a beneficio, recuerden sus sabios consejos, sigan el trayecto ejemplar y no dejen desamparado al hermano, no llenen sus bolsillos con las esperanzas rotas de un pueblo hundido en la miseria. Abracémonos la semilla que ha germinado.

 

Fraternalmente

Saúl Pazos

Organización 23 de Octubre

 

Comentarios en Facebook

Dejar un comentario